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[Pr][S][Gr] Las antiguas potestades II of VIII (SPANISH)
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..Por fin llegó a la puerta con el número doce que, al igual que el resto de las que había en aquellos edificios no era otra cosa más que un cuarto con ducha y un retrete viejo. Se quedó ahí con llave en mano, tratando de escuchar del otro lado de aquella plancha de madera.
Miró su reloj de pulsera, ya casi las seis y media y de seguro ella ya estaba levantada.
Cerró su puño con fuerza alrededor de aquella lave antes de usarla para abrir aquella puerta, que solo se quejó de sus bisagras antes de volver a su vieja posición de guardia.
Dentro una vela sobre la única mesa repleta de libros, libretas y copias, alumbraba tenuemente la habitación.
-Ya llegué Ix.
-¿Xólotl?- preguntó una voz dulce desde el otro lado de la única puerta, a parte de la entrada y salida, que había en la habitación.
-No, el lechero guapo del veintiuno.
-Uy, dame un besito entonces.
Aquel cuarto o era muy grande: la vela alumbraba débilmente un viejo sofá cama frente aquella mesa que solo tenía una silla; un pequeño librero junto a la puerta principal y sobre este una reliquia de televisión rescatada de un basurero cercano; en el fondo y junto a la puerta del baño, estaban el refrigerador y una estufa de juguete.
Él simplemente se dejó caer en aquella silla y se recargó en el respaldo dejando colgando sus brazos y su cabeza mientras suspiraba tenuemente y agotado. Aquellos dobles turnos lo estaban agotando pero era la única manera en que al menos uno de ellos salieran adelante y terminara sus estudios, y esa debía de ser Ix.
-Dime que ya desayunaste y me dejaste un poco- dijo con una sonrisa en los labios recordando el origen de aquel chiste del lechero.
-Preparé huevo con salchicha, te dejé un poco y la mita de un bolillo. Creo que aún está tibio pero mejor ponlo a calentar un poco por si las dudas que…
Poco a poco la voz de su hermana se fue volviendo un eco y todo a su alrededor comenzaba a darle vueltas; la vela proyectaba sombras extrañas que parecían cerrarse sobre él , sombras de algunos seres invisibles que por un momento pensó que siempre estaban ahí, desde que aquellos muros se alzaron, incluso antes; eran profundas y poco a poco se movían con una especie de voluntad propia, como imitando el baile de aquella vela.
-¡Xólot!
-¡Eu!- respondió el macho sobresaltado.
Aquella hembra ya se había vestido y acomodado sus cosas dentro de su mochila para salir a la universidad y estaba parada justo a su lado, limpiando sus gafas sin quitarle la mirada de encima.
-Vete a dormir, no debes faltar otra vez a la chamba por tus desvelos. Come cuando despiertes y no me esperes, hoy voy a llegar como a las ocho por un trabajo que debo entregar mañana. ¿Quieres que traiga algo?
-¿Te puedo encargar un poco de verde?
Ix simplemente lo golpeó en el hombro y salió sin más del departamento, dejándolo de nuevo a merced de aquellas alucinaciones.
El xoloitzcuintle no esperó a que empezaran de nuevo: se puso de pie, acomodó el sofá cama y con una cobija, que sacó de debajo del mismo, se rindió a sus quimeras antes de que otra de sus trasnochadas le cobrara más factura a su cuerpo.
El reloj marcaba las nueve de la mañana cuando despertó por las incontables voces de la ciudad y de sus pocos pero muy ruidosos vecinos al salir a sus trabajos.
Seguía recostado en el sillón ahora viendo el noticiero local en aquel viejo cacharro sobre el librero; en sus manos descansaban los restos de su segundo almuerzo, cereal con leche.
“Nos reportan dos muertos y cinco heridos en esta presunta venganza entre pandillas. Durante la madrugada se logró detener a un murciélago menor de edad, aparentemente está implicado con estos hechos violentos y… fue el saldo del choque de esta mañana…”
-Estoy cansado de desayunar balas perdidas- susurró para si mientras apagaba la televisión.
Ya estaba cansado de tanta parcialidad y forma mediática de cubrir la violencia en el país, ahora la única noticia de calidad en todos los noticieros que podía sintonizar con la antena, pero más que ser el pan de cada día le disgustaba que, al irse adormir la noche siguiente, soñaría con aquellos difuntos de los que escuchara o viera en televisión y en la calle.
Era por eso que no dormía bien nunca y que lo evitaba en la medida de lo posible por más cansado y agotado que estuviera, pues eso solo lo hacía más difícil de soportar.
Odiaba realmente eso, el verlos cada noche desde que tuviera memoria, desde antes de que llegaran a ese lugar, tanto dolor y sufrimiento que podía sentir en sus sueños, tantas pesadillas que sufría y de las que despertaba sudando; era por eso que no dormía, que más empeño ponía en evitarse dormir cuando alguien más estaba cerca o junto a él, porque revivía las muertes y los últimos recuerdos imaginados de aquellos pobres infortunados, o eso quería creer… ya habían sido demasiadas coincidencias, demasiadas ocasiones en que habían tenido que huir, y todo por no poder ocultar su maltrecho semblante, su rostro demacrado por las noches de desvelo o pesadilla.
Aquello era una pesadilla, un horror que deseaba poder callar sin necesidad de entrar a una casa de locos o terapias que no podía pagar pero al mismo tiempo algo que no quería perder, algo que en mucho tiempo lo motivaba a seguir adelante.
Sin mucha prisa dejó aquel plato en el suelo junto al sofá cama, se acomodó como había quedado dormido pocas horas antes y cerró los ojos mientras recordaba los buenos tiempos, aquellos años de infancia en el pueblo de sus abuelos cuando todo lo que le preocupaba era molestar a su hermana y sus pesadillas eran simples sueños divertidos y disfrutables, en especial cuando leía algún libro de Historia o mitología que su abuela solía guardar por toda la casa… la despedida de sus padres después de morir en aquel choque, pero por alguna razón ellos le hablaban siempre de usted, como si no fuera su hijo.
Un golpe muy fuerte se escuchó de pronto de arriba y algo de la mampostería de su techo cayó como arena en su frente despertándolo de aquellos recuerdos; había estado dormitando en medio de aquel escándalo que parecía llevar rato.
Rápidamente se puso de pie e ignorando el mareo salió de aquel cuarto hacia la baranda del pasillo, asomándose solo lo suficiente para lograr ver algo, sin suerte.
-¡Te dije que no lo soltaras mujer! Si no podías hacerlo ¿Para qué me dices que si?- gritaba un macho de voz profunda con un enojo que no se molestaba en disimular en público, apenas ocultando un llanto desgarrador de la mujer, tan fingido pero a la vez conocido para el xoloitzcuintle.
Aquel macho no paraba de recriminarle a esa mujer su torpeza. Si bien era por los gritos y el llanto o por su falta de sueño, un dolor agudo apareció en la cabeza de Xólotl , profundo y demasiado lastimero empezó a moverse de lugar a medida que aquella pelea subía de tono y cualquiera juraría que en cualquier momento tendrían que llamar a la policía.
-¡Ya cállense!- gritó el xoloitzcuintle lo más fuerte que pudo mientras se tapaba sus orejas y volvía al interior de aquel departamento a buscar su celular y un viejo bate de aluminio, que guardaba bajo el sofá cama, para defender a aquella mujer después de llamar a la policía.
Realmente no quería recurrir a la violencia, la odiaba profundamente, pero no dejaría que alguien golpeara a una mujer si el podía hacer algo, y menos cuando realmente sentía que aquello podía llegar a ser un asesinato y no quería averiguar las pesadillas que tendría al presenciar una muerte.
Salió de su cuarto y fue directamente a las escaleras, decidido a enfrentarse a cualquier macho, probablemente una especie mucho más fuerte que él. A cada escalón que ascendía aquella discusión parecía subir más de tono y pronto no tardó en escuchar el sonido de algunos golpes, de quien de los dos realmente ya parecía no importar, acompañados de varios reclamos y quejas que más iban pareciendo gruñidos y rugidos, y mientras todo eso ocurría, en su mente se preguntaba si realmente toda la vecindad estaba vacía o si solo él era el único loco que se metía donde no lo llamaban, pero esa duda desapareció cuando escuchó el trueno seguido de un golpe seco y el olor de azufre inundó su nariz, justo en el último escalón.
Ya no se escuchaba el llanto ni los reclamos, solo un gruñido gutural y unos golpes secos… algo se rompió, uno de los huesos del cadáver quizá, y la impresión del olor a sangre reemplazó su dolor de cabeza mientras sentía cómo su corazón latía con fuerza.
-Ni muerta me sirves para un carajo, pinche inútil- gritó por última vez el asesino antes de que se escuchara como arrastraba algo pesado hacia el interior del cuarto.
Xólotl estaba tan cerca de ellos que podía escuchar los pasos y la respiración extrañamente calmada de aquella bestia; era más grande y pesado de lo que había pensado. No podía reconocer su especie, toda la sangre y la pólvora del disparo entorpecían su nariz y su cuerpo comenzaba a temblar demasiado como para intentar cualquier cosa sin ser descubierto.
¿Dónde estaban los vecinos?, ¿de verdad no había nadie en los edificios?
Trató de calmarse, respiró profundamente un par de veces y empezó a dar pasos lentos hacia atrás, bajando aquellos escalones uno por uno y con cuidado de que sus manos, en su temblor, no hicieran que el bate se golpeara con la baranda.
Cuando llegó a su piso un escalofrío inexplicable recorrió su cuerpo y su fuerza lo abandonó por unos segundos, no los suficientes para hacerlo caer pero si para que aquel bate se resbalara de sus manos y cayera por las escaleras hasta el siguiente piso y junto con el pareciera haberse ido el aire y el alma de todo lo que había alrededor mientras unos pesados pasos se escuchaban en el pasillo y se acercaban más a la escalera. Xólotl trató de moverse, sus piernas no le respondían, después de tantas pesadillas, de tantos años en barrios peligrosos esa era la primera vez que sentía el miedo tan puro y, aunque lo escuchaba ya bajando la escalera, no podía siquiera darse la vuelta para verlo a la cara.
Todo empezaba a ponerse negro a su alrededor, las voces de la ciudad se volvieron una especie de ecos y empezaba a sentir como su cuerpo flotaba; por un instante su mente imaginó todas las posibilidades que tenía, todas las formas que podía morir pero estas se disiparon y solo quedó un camino cuando sintió el frío metal contra su cabeza.
Respiró, cerró los ojos y de pronto todo aquello desapareció.
Despertó sudando y con una bolsa de hielo sobre su cabeza y dentro del eco de su cabeza podía escuchar el sonido de un disparo, una y otra vez antes de volver a perderse en sus quimeras.
Fin del primer capítulo
La segunda parte del primer capítulo.
Espero les agrade, aún falta un poco para que las cosas se pongan buenas jejeje.
¿Qué les parece?
Story and linocut © losesno
Xólotl and Ix © ozyosa
..Por fin llegó a la puerta con el número doce que, al igual que el resto de las que había en aquellos edificios no era otra cosa más que un cuarto con ducha y un retrete viejo. Se quedó ahí con llave en mano, tratando de escuchar del otro lado de aquella plancha de madera.
Miró su reloj de pulsera, ya casi las seis y media y de seguro ella ya estaba levantada.
Cerró su puño con fuerza alrededor de aquella lave antes de usarla para abrir aquella puerta, que solo se quejó de sus bisagras antes de volver a su vieja posición de guardia.
Dentro una vela sobre la única mesa repleta de libros, libretas y copias, alumbraba tenuemente la habitación.
-Ya llegué Ix.
-¿Xólotl?- preguntó una voz dulce desde el otro lado de la única puerta, a parte de la entrada y salida, que había en la habitación.
-No, el lechero guapo del veintiuno.
-Uy, dame un besito entonces.
Aquel cuarto o era muy grande: la vela alumbraba débilmente un viejo sofá cama frente aquella mesa que solo tenía una silla; un pequeño librero junto a la puerta principal y sobre este una reliquia de televisión rescatada de un basurero cercano; en el fondo y junto a la puerta del baño, estaban el refrigerador y una estufa de juguete.
Él simplemente se dejó caer en aquella silla y se recargó en el respaldo dejando colgando sus brazos y su cabeza mientras suspiraba tenuemente y agotado. Aquellos dobles turnos lo estaban agotando pero era la única manera en que al menos uno de ellos salieran adelante y terminara sus estudios, y esa debía de ser Ix.
-Dime que ya desayunaste y me dejaste un poco- dijo con una sonrisa en los labios recordando el origen de aquel chiste del lechero.
-Preparé huevo con salchicha, te dejé un poco y la mita de un bolillo. Creo que aún está tibio pero mejor ponlo a calentar un poco por si las dudas que…
Poco a poco la voz de su hermana se fue volviendo un eco y todo a su alrededor comenzaba a darle vueltas; la vela proyectaba sombras extrañas que parecían cerrarse sobre él , sombras de algunos seres invisibles que por un momento pensó que siempre estaban ahí, desde que aquellos muros se alzaron, incluso antes; eran profundas y poco a poco se movían con una especie de voluntad propia, como imitando el baile de aquella vela.
-¡Xólot!
-¡Eu!- respondió el macho sobresaltado.
Aquella hembra ya se había vestido y acomodado sus cosas dentro de su mochila para salir a la universidad y estaba parada justo a su lado, limpiando sus gafas sin quitarle la mirada de encima.
-Vete a dormir, no debes faltar otra vez a la chamba por tus desvelos. Come cuando despiertes y no me esperes, hoy voy a llegar como a las ocho por un trabajo que debo entregar mañana. ¿Quieres que traiga algo?
-¿Te puedo encargar un poco de verde?
Ix simplemente lo golpeó en el hombro y salió sin más del departamento, dejándolo de nuevo a merced de aquellas alucinaciones.
El xoloitzcuintle no esperó a que empezaran de nuevo: se puso de pie, acomodó el sofá cama y con una cobija, que sacó de debajo del mismo, se rindió a sus quimeras antes de que otra de sus trasnochadas le cobrara más factura a su cuerpo.
El reloj marcaba las nueve de la mañana cuando despertó por las incontables voces de la ciudad y de sus pocos pero muy ruidosos vecinos al salir a sus trabajos.
Seguía recostado en el sillón ahora viendo el noticiero local en aquel viejo cacharro sobre el librero; en sus manos descansaban los restos de su segundo almuerzo, cereal con leche.
“Nos reportan dos muertos y cinco heridos en esta presunta venganza entre pandillas. Durante la madrugada se logró detener a un murciélago menor de edad, aparentemente está implicado con estos hechos violentos y… fue el saldo del choque de esta mañana…”
-Estoy cansado de desayunar balas perdidas- susurró para si mientras apagaba la televisión.
Ya estaba cansado de tanta parcialidad y forma mediática de cubrir la violencia en el país, ahora la única noticia de calidad en todos los noticieros que podía sintonizar con la antena, pero más que ser el pan de cada día le disgustaba que, al irse adormir la noche siguiente, soñaría con aquellos difuntos de los que escuchara o viera en televisión y en la calle.
Era por eso que no dormía bien nunca y que lo evitaba en la medida de lo posible por más cansado y agotado que estuviera, pues eso solo lo hacía más difícil de soportar.
Odiaba realmente eso, el verlos cada noche desde que tuviera memoria, desde antes de que llegaran a ese lugar, tanto dolor y sufrimiento que podía sentir en sus sueños, tantas pesadillas que sufría y de las que despertaba sudando; era por eso que no dormía, que más empeño ponía en evitarse dormir cuando alguien más estaba cerca o junto a él, porque revivía las muertes y los últimos recuerdos imaginados de aquellos pobres infortunados, o eso quería creer… ya habían sido demasiadas coincidencias, demasiadas ocasiones en que habían tenido que huir, y todo por no poder ocultar su maltrecho semblante, su rostro demacrado por las noches de desvelo o pesadilla.
Aquello era una pesadilla, un horror que deseaba poder callar sin necesidad de entrar a una casa de locos o terapias que no podía pagar pero al mismo tiempo algo que no quería perder, algo que en mucho tiempo lo motivaba a seguir adelante.
Sin mucha prisa dejó aquel plato en el suelo junto al sofá cama, se acomodó como había quedado dormido pocas horas antes y cerró los ojos mientras recordaba los buenos tiempos, aquellos años de infancia en el pueblo de sus abuelos cuando todo lo que le preocupaba era molestar a su hermana y sus pesadillas eran simples sueños divertidos y disfrutables, en especial cuando leía algún libro de Historia o mitología que su abuela solía guardar por toda la casa… la despedida de sus padres después de morir en aquel choque, pero por alguna razón ellos le hablaban siempre de usted, como si no fuera su hijo.
Un golpe muy fuerte se escuchó de pronto de arriba y algo de la mampostería de su techo cayó como arena en su frente despertándolo de aquellos recuerdos; había estado dormitando en medio de aquel escándalo que parecía llevar rato.
Rápidamente se puso de pie e ignorando el mareo salió de aquel cuarto hacia la baranda del pasillo, asomándose solo lo suficiente para lograr ver algo, sin suerte.
-¡Te dije que no lo soltaras mujer! Si no podías hacerlo ¿Para qué me dices que si?- gritaba un macho de voz profunda con un enojo que no se molestaba en disimular en público, apenas ocultando un llanto desgarrador de la mujer, tan fingido pero a la vez conocido para el xoloitzcuintle.
Aquel macho no paraba de recriminarle a esa mujer su torpeza. Si bien era por los gritos y el llanto o por su falta de sueño, un dolor agudo apareció en la cabeza de Xólotl , profundo y demasiado lastimero empezó a moverse de lugar a medida que aquella pelea subía de tono y cualquiera juraría que en cualquier momento tendrían que llamar a la policía.
-¡Ya cállense!- gritó el xoloitzcuintle lo más fuerte que pudo mientras se tapaba sus orejas y volvía al interior de aquel departamento a buscar su celular y un viejo bate de aluminio, que guardaba bajo el sofá cama, para defender a aquella mujer después de llamar a la policía.
Realmente no quería recurrir a la violencia, la odiaba profundamente, pero no dejaría que alguien golpeara a una mujer si el podía hacer algo, y menos cuando realmente sentía que aquello podía llegar a ser un asesinato y no quería averiguar las pesadillas que tendría al presenciar una muerte.
Salió de su cuarto y fue directamente a las escaleras, decidido a enfrentarse a cualquier macho, probablemente una especie mucho más fuerte que él. A cada escalón que ascendía aquella discusión parecía subir más de tono y pronto no tardó en escuchar el sonido de algunos golpes, de quien de los dos realmente ya parecía no importar, acompañados de varios reclamos y quejas que más iban pareciendo gruñidos y rugidos, y mientras todo eso ocurría, en su mente se preguntaba si realmente toda la vecindad estaba vacía o si solo él era el único loco que se metía donde no lo llamaban, pero esa duda desapareció cuando escuchó el trueno seguido de un golpe seco y el olor de azufre inundó su nariz, justo en el último escalón.
Ya no se escuchaba el llanto ni los reclamos, solo un gruñido gutural y unos golpes secos… algo se rompió, uno de los huesos del cadáver quizá, y la impresión del olor a sangre reemplazó su dolor de cabeza mientras sentía cómo su corazón latía con fuerza.
-Ni muerta me sirves para un carajo, pinche inútil- gritó por última vez el asesino antes de que se escuchara como arrastraba algo pesado hacia el interior del cuarto.
Xólotl estaba tan cerca de ellos que podía escuchar los pasos y la respiración extrañamente calmada de aquella bestia; era más grande y pesado de lo que había pensado. No podía reconocer su especie, toda la sangre y la pólvora del disparo entorpecían su nariz y su cuerpo comenzaba a temblar demasiado como para intentar cualquier cosa sin ser descubierto.
¿Dónde estaban los vecinos?, ¿de verdad no había nadie en los edificios?
Trató de calmarse, respiró profundamente un par de veces y empezó a dar pasos lentos hacia atrás, bajando aquellos escalones uno por uno y con cuidado de que sus manos, en su temblor, no hicieran que el bate se golpeara con la baranda.
Cuando llegó a su piso un escalofrío inexplicable recorrió su cuerpo y su fuerza lo abandonó por unos segundos, no los suficientes para hacerlo caer pero si para que aquel bate se resbalara de sus manos y cayera por las escaleras hasta el siguiente piso y junto con el pareciera haberse ido el aire y el alma de todo lo que había alrededor mientras unos pesados pasos se escuchaban en el pasillo y se acercaban más a la escalera. Xólotl trató de moverse, sus piernas no le respondían, después de tantas pesadillas, de tantos años en barrios peligrosos esa era la primera vez que sentía el miedo tan puro y, aunque lo escuchaba ya bajando la escalera, no podía siquiera darse la vuelta para verlo a la cara.
Todo empezaba a ponerse negro a su alrededor, las voces de la ciudad se volvieron una especie de ecos y empezaba a sentir como su cuerpo flotaba; por un instante su mente imaginó todas las posibilidades que tenía, todas las formas que podía morir pero estas se disiparon y solo quedó un camino cuando sintió el frío metal contra su cabeza.
Respiró, cerró los ojos y de pronto todo aquello desapareció.
Despertó sudando y con una bolsa de hielo sobre su cabeza y dentro del eco de su cabeza podía escuchar el sonido de un disparo, una y otra vez antes de volver a perderse en sus quimeras.
Fin del primer capítulo
La segunda parte del primer capítulo.
Espero les agrade, aún falta un poco para que las cosas se pongan buenas jejeje.
¿Qué les parece?
Story and linocut © losesno
Xólotl and Ix © ozyosa
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Gracias y tristemente la cosa es, en general, deprimente; el siguiente capítulo es un tanto más.... interesante si le puedo llamar de alguan forma, pero a mi parecer no lo es, al menos no como este.
Gracias eh igual un saludo, espero todo vaya bien por allá.
Un abrazo Vbik.
Gracias eh igual un saludo, espero todo vaya bien por allá.
Un abrazo Vbik.
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